Club Atletico Colon

img/botonvip/alta.jpg img/botonvip/cuota.jpg img/botonvip/asoc.jpg img/botonvip/renova.jpg img/botonvip/compra.jpg img/botonvip/act.jpg
img/botonvip/ayuda.jpg img/botonvip/ayuda.jpg img/botonvip/ayuda.jpg img/botonvip/ayuda.jpg img/botonvip/ayuda.jpg img/botonvip/ayuda.jpg

@ColonOficial

El Club

Historia

C. A. COL√ďN/1912

Alrededor de a√Īo 1880 el Estado argentino acentu√≥ la inserci√≥n del pa√≠s en el mercado mundial. Eso implic√≥ una relaci√≥n estrecha con quien ven√≠a haciendo de metr√≥poli desde 1810, Gran Breta√Īa. En principio, con una relaci√≥n comercial, y a partir de la profundizaci√≥n industrial en Inglaterra, ya considerada como el taller del mundo, con fuertes v√≠nculos financieros. Esto permiti√≥, por una parte, el asentamiento de numerosas familias procedentes de Inglaterra en nuestro pa√≠s, a tal punto que a fines del siglo XIX llegaban a cincuenta mil, y por otra parte, que se incrementar√°n los viajes de barcos ingleses a la costa argentina.

Los marineros y funcionarios extranjeros sorprendieron a todos cuando en las riveras o en los terrenos adyacentes de los puertos practicaban f√ļtbol. Fue as√≠ como esa actividad ech√≥ ra√≠ces en nuestra tierra y se convirti√≥, con el paso del tiempo, en el deporte m√°s popular de la Argentina.

Los descampados y los baldíos favorecían a los espontáneos partidos y a los famosos desafíos. Además, no podemos olvidar que se trataba de un deporte práctico para el cual se necesita solo una pelota, por ello el tributo a la vieja pelota de trapo. Mientras que los arcos se podían establecer con algunas latas o un poco de ropa. Poco a poco este juego prendió en los sectores más populares de la ciudad y se convirtió en una actividad integradora. Así nacieron los clubes criollos.

En Santa Fe la historia no fue distinta, la gran actividad portuaria de la provincia ayud√≥ a convertir este deporte en uno de los favoritos. Tal es as√≠ que en los comienzos del siglo pasado se comenz√≥ a gestar lo que hoy es la m√°s grande instituci√≥n de la ciudad. La simple actividad cotidiana de un grupo de ni√Īos que se reun√≠an por placer a jugar al f√ļtbol, fue lo que dio forma a este gigante. Dif√≠cil es, a la distancia, imaginar aquellos primeros pasos, dif√≠cil es creer que de aquellas sencillas reuniones de amigos surgiera el imponente club que hoy se alza en el barrio Centenario. Sin embargo, dif√≠cil es pensar de otra manera, ya que el disparador inicial, la piedra fundamental, el primer ladrillo de esta instituci√≥n, est√° dado por el amor, la amistad y la voluntad de un grupo de j√≥venes, que con esfuerzo y tes√≥n, llevaron adelante la idea de un club que supera todas las expectativas que alguna vez, cualquiera de sus fundadores, pod√≠an haber imaginado. Porque as√≠ naci√≥ Col√≥n, de los lazos de una amistad, del sentimiento de una pasi√≥n compartida por un deporte que desde muy pocos a√Īos se instalaba en la Argentina.

Este grupo de chicos santafesinos opt√≥ por el f√ļtbol como un pasatiempo y como un entretenimiento. Ni√Īos de edad escolar que d√≠a tras d√≠a se reun√≠an para hacer rodar la pelota en un terreno bald√≠o ubicado al este de la ciudad. Los hermanos Ernesto y Adolfo Celli, Atilio Badalini, Ricardo Cullen Funes y su hermano Guillermo, Gead√° Montenegro, Mariano Rodr√≠guez, Helvecio Fontana, Juan Ad√°n Leyes, Juan y Atonio Rebechi, Humberto Sosa, entre otros, eran los nombres de algunos de los chicos que conformaban este grupo de amigos.

Con el paso del tiempo, el compa√Īerismo creci√≥ a√ļn m√°s, como as√≠ tambi√©n el cari√Īo por el deporte y ante este marco tan favorable comenz√≥ a gestarse la idea de formarse como club. En una tarde de mayo de 1905, los chicos pasan a buscar a Rebechi por la casa para darle forma a la creaci√≥n, pero la madre les dice que estaba estudiando historia y no pod√≠a salir. Al retirarse se acuerdan que su maestra de escuela les hab√≠a dado como tema para estudiar los viajes de Crist√≥bal Col√≥n. An√≠bal Rebechi propone dar este nombre al club. De esta manera y con la aprobaci√≥n de todos los integrantes del grupo se pasan a llamar ‚ÄúCol√≥n Foot-Ball Club‚ÄĚ. Ese 5 de mayo de 1905, se bautiza un club que hab√≠a nacido hac√≠a ya tiempo, a√Īos atr√°s, sellando la f√©rrea amistad de un grupo de amigos. Se podr√° decir que un origen tan √≠ntimo y familiar no dej√≥ testimonios escritos, pero si dej√≥ antecedentes en cada uno de los corazones de los hinchas sabaleros que hoy se multiplican por miles.

A partir de ese entonces, el club toma forma en las tardes de f√ļtbol en ‚Äúel campito‚ÄĚ, como lo hab√≠a sido siempre, y en las reuniones en la casa de alguno que amablemente hac√≠a funcionar su hogar como sede la flamante instituci√≥n.

La inundaci√≥n provocada por el r√≠o Paran√° en 1905 dej√≥ bajo el agua el habitual campo de juego de los muchachos y junto con ello paraliz√≥ las obras del nuevo puerto de Santa Fe. Obra que justamente desde el 10 de octubre de 1904, fecha en que fue colocada la piedra fundacional, amenazaba con inutilizar las extensiones del terreno del cual se hab√≠an apropiado los chicos tiempo atr√°s. Pero mientas tanto, ‚ÄúEl campito‚ÄĚ segu√≠a siendo el lugar para jugar de local, ya que era frecuente disputar un picadito frente a otros barrios. Esto dio pie a uniformar los colores de la vestimenta que cada uno de los chicos utilizaba, el rojo y negro de una barcaza fueron los elegidos para representar al querido club.

En un acto m√°s de voluntad y compromiso, comenzaron a reunir fondos a trav√©s de colectas para poder pagar las camisetas que habr√≠an de fabricarse en Rosario. Las indicaciones para la misma eran precisas: la mitad del lado derecho negro y la mitad del izquierdo rojo, pero para sorpresa de todos, cuando las recibieron, notaron que hubo un error en su confecci√≥n. Se invirtieron los colores. Es decir, el lado derecho rojo y el lado izquierdo negro. Lo cierto es que esos colores y su disposici√≥n se mantuvieron, ya que todos los integrantes acordaron conservarla. Al poco tiempo de usarla, se enteraron que otro club del sur de la ciudad usaba casacas similares, por lo que se decidi√≥ hacer un partido desaf√≠o, y aquel que ganara el encuentro podr√≠a quedarse con los colores. Quiz√°s uno de los partidos m√°s importantes que jug√≥ Col√≥n en su historia, ya que literalmente se puede decir que fue un partido por la camiseta, sin sueldos, ni contratos, ni primas. Por los colores rojo y negro del amado club. Cuesta imaginar la presi√≥n, el entusiasmo, la pasi√≥n con la que se jug√≥ ese encuentro. Se podr√° decir que el destino estaba escrito o no, pero lo cierto es que Col√≥n gan√≥ y con ello atesor√≥ en lo m√°s profundo de su coraz√≥n a los colores rojo y negro que hoy hacen emocionar a la mayor√≠a de Santa Fe. El primer logro de Col√≥n, el primer trofeo, el t√≠tulo: ‚Äúla camiseta‚ÄĚ.

El agua del Paran√° ya hab√≠a bajado y el puerto de Santa Fe tomaba forma, la nueva estaci√≥n portuaria hablaba a las claras de las ideas que rondaban en la Argentina a principios de siglo, el progreso ilimitado, ‚Äúla belle epoque‚ÄĚ, la elegancia en los sectores m√°s pudientes se asociaba a lo europeo, la moda de Par√≠s, marcaba los pasos de los atuendos femeninos, la dureza del cors√© lleg√≥ hasta 1910, la cintura ten√≠a que medir 50 cm., conocida como talle avispa.

La vestimenta masculina pasaba por la elegancia, de Londres, un saco ligeramente entallado, chaleco de cinco botones, camisa con cuello y pu√Īos duros intercambiables, bast√≥n y sombrero. El resto de la poblaci√≥n se mimetizaba en funci√≥n de su posici√≥n social: boina, alpargatas y sencillas vestimentas de telas sufridas y fuertes. Por su parte, la actividad cultural adquir√≠a relevancia con la inauguraci√≥n del Teatro Municipal.

Todo esto pasaba en la ciudad mientras que los chicos de Col√≥n segu√≠an marcando el rumbo de la instituci√≥n, haciendo frente a un obst√°culo dif√≠cil de sortear: los avances del puerto dejaban cada vez menos lugar para practicar el f√ļtbol en el hist√≥rico ‚ÄúCampito‚ÄĚ. Por eso, tuvieron que buscar un nuevo hogar, un nuevo terreno que sea propio. As√≠ fue que se mudaron al extremo opuesto de la ciudad, al oeste de lo que es ahora Avenida Freyre. Luego de un adecuado acondicionamiento del terreno, donde voltearon √°rboles y se nivelaron sectores, se colocaron los arcos que eran desmontables. Ese terreno tra√≠a consigo una peque√Īa casilla que se utilizaba como sede de las reuniones sociales.